Aromas de hogar

Aunque nuestro trabajo diario no sea el de un chef, nuestro día a día en familia suele estar muy ligado a la cocina. Todas las madres y padres de familia cada día tenemos que preparar los menús diarios para los nuestros y siempre les intentamos dar alimentos saludables, preparados con mimo y cariño.
Como decía la escritora Laura Ezequiel en su libro Como agua para chocolate: “cocinar es un acto de amor”. Y qué mejor que introducir a nuestros hijos en otra manera de darnos a los demás.
A través de un acto tan simple como preparar la cena para la familia trabajaremos un montón de cosas, además de fomentar lazos entre nosotros que nos ayudarán a conocer más a nuestros hijos y que a su vez ellos nos conozcan más a nosotros.
Para nuestros hijos, estar en la cocina significa un momento para estar con nosotros: allí charlamos, nos contamos cosas que nos han sucedido durante el día y somos un equipo. Todo sale de un modo natural y fluido, a veces cuando preguntas directamente cómo ha ido el día cuesta mucho más que se abran.
Seguro que estos momentos quedarán para siempre en sus recuerdos, igual que nosotros los tenemos grabados.
 
Consejos antes de empezar:
Antes de ponerse en materia debemos pensar muy bien la receta que vamos a realizar, tanto su dificultad como la distribución de tareas, así minimizamos posibles peligros.
También es importante ver cómo estamos nosotros en este momento: tendremos paciencia ante los posibles estropicios? Estamos demasiado cansados? Tenemos el tiempo necesario para tomárnoslo con calma?
Ya sabemos que las tareas con los peques pueden estar llenas de imprevistos y la actitud que tengamos ante ellos puede ser la clave entre una tarde divertida o una tarde de desencuentros.
 
¿Qué aprendes mientras cocinas?
A través de una receta podemos trabajar la lectura, propiamente de la receta, matemáticas , al calcular las cantidades, orden, al incorporar los ingredientes.
A seguir unas instrucciones, atención, higiene, motricidad fina, al amasar y mezclar ingredientes, coordinación mano-ojo al ir incorporando los elementos.
Resolución de problemas , creatividad e imaginación, por ejemplo si nos falta un ingrediente Cómo lo solucionamos? Cómo ha variado el resultado? Hemos conseguido una receta mejor con el cambio? O por el contrario, no nos ha salido bien? Relación causa-efecto. Los niños aprenden mejor cuándo se les permite equivocarse .
Fomentaremos la paciencia, tanto la suya como la nuestra 😉
Deja que se ensucien, que intenten, que se diviertan. Pero también explica que es un trabajo en equipo y que entre todos debemos poner orden. Se darán cuenta de la importancia de ayudar en las tareas de la casa y apreciarán más lo que hacemos por ellos.
Se sentirán orgullosos de sus creaciones, les dará seguridad y les ayudará en su auto imagen, se darán cuenta de que pueden lograrlo.
Conocerán y probarán nuevos alimentos y sabores que probablemente aún no hayan incorporado en su dieta, y abrazarán nuevas culturas a través de sus sabores.
Pero sabéis una cosa? Todo esto lo aprenderán y lo trabajaremos sin darnos ni cuenta!!! Esto es lo mejor!
Ya que cuando entramos en la cocina con nuestros hijos sólo nos planteamos una meta: disfrutar con ellos un rato, compartir un tiempo precioso que nos ayudará a unir lazos, a querernos, respetarnos y a darnos la oportunidad de equivocarnos, pedirnos perdón, abrazarnos y mancharnos!
Y sin más preámbulos, vamos a preparar la cena!

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