Vencer la sobreprotección

La crianza y educación de los hijos no siempre es una tarea fácil. A veces, encontrar el equilibrio entre disciplina y afecto puede ser todo un desafío para muchas familias. Queremos lo mejor para nuestros hijos, pero cuántas veces son las que caemos en la sobreprotección. Una de las tareas más complicadas de la educación es dejar que se equivoquen para que, posteriormente, aprendan del error. Pero, ¿cómo navegar entre las dos aguas?

De manera natural, los padres, tendemos a proteger a nuestros hijos. Sin embargo, a menudo traspasamos los limites de protección y nos introducimos en los mecanismos de la sobreprotección que limitan y obstaculizan el desarrollo, la autonomía y el aprendizaje del niño.

El sobreproteccionismo es un mecanismo de miedo e inseguridad que nos impide y limita para dejar que el niño haga las cosas por sí mismo o tome sus propias decisiones. De manera que están más predispuestos a crecer inseguros, dependientes y con poca confianza en sí mismos.

En muchas ocasiones puede ser mucho más cómodo para nosotros acabar haciéndoles las cosas.  Pero las prisas, el no querer enfrentarnos o el miedo a que puedan reaccionar con una rabieta que no vamos a saber gestionar, desemboca en una privación de experiencias de aprendizaje imprescindibles para su desarrollo y crecimiento emocional.

Podemos caer en pensar que es mejor evitarles el sufrimiento o el esfuerzo a nuestros hijos; nos podemos justificar y pensar que ya tendrán tiempo para crecer en fortaleza y autonomía. Pero estas ideas son las que justamente nos hacen caer en la sobreprotección.

¿Cuáles son los peligros de la sobreprotección?

  • Impide que el niño haga cosas por sí mismo y no le damos la oportunidad de demostrarse a él mismo que puede hacerlo. Así que podemos dañar su autoestima.
  • Impide que se enfrente al fracaso o equivocación. Por tanto, vivirá con temor a fracasar y no desarrollará tolerancia a la frustración ni destrezas para sobreponerse.
  • Limita la capacidad para la toma de decisiones, para la resolución de problemas y para proponerse metas.
  • Limita la capacidad de esfuerzo. No estará entrenado porque se le da hecho.

El niño sobreprotegido, además, como está acostumbrados a recibir todo tipo de atenciones, le costará asumir responsabilidades y culpará a los demás de lo que le pasa.

Es normal que, como padres, tendamos a proteger a los niños; es un instinto innato que garantiza la supervivencia. Pero la sociedad actual va mucho mas allá y, hoy día, es fácil caer en evitarles el esfuerzo. Hay que saber exigir en cada etapa.

¿Cómo podemos evitar la sobreprotección?

  • Animándoles a que intenten hacer cosas por sí mismos. Hemos de conseguir que vean que confiamos en ellos y, a su vez, ellos creerán en sí mismos.
  • Dejándoles hacer las cosas a ellos solos, no siempre necesitan ayuda. Como lo hagan estará bien hecho. A veces nuestros miedos o gustos pueden crear inseguridades en ellos.
  • Dándoles cierta autonomía para que tomen decisiones en la vida diaria: dejarles escoger qué taza quieren para desayunar, qué jersey quieren ponerse, a qué podemos jugar…
  • No teniendo miedo a la equivocación de nuestros hijos. La equivocación es el motor del aprendizaje, para la tolerancia a la frustración y para ser resolutivos a la hora de solucionar el error.

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